Todos ellos formaron patria. Nuestro estado, difícilmente nuestra ciudad, serían hoy los mismos sin la existencia de sus letras y la formación de la identidad regional y nacional -"Jalisco es México", se lee en los spots del gobierno del estado- que a través de sus obras se fue creando. A ellos debemos, por lo menos, la idea general de lo que era nuestra sociedad, quizá no muy distinta hoy día, en el siglo de la expansión industrial, la consolidación del capitalismo, las intervenciones y los grandes inventos del hombre moderno.
.
La importancia de sus obras va más allá del aspecto literario: constituyen en muchos casos recursos para otras ciencias como la historia, la antropología, la sociología, el derecho y la política, sobre los cuales generar nuevas teorías o fundamentar conceptos y detallar procesos.
.
A eso hay que sumar que los hay de todos: hombres y mujeres, conservadores y liberales, cómicos y trágicos, pobres y ricos, románticos y realistas, periodistas y literatos -sin que ambos terminos sean contraindicación uno del otro-, generando un mosaico bibliográfico en que se ofertan, como en el más mexicano mercado, frutas y productos de todas las latitudes, colores, sabores, olores y texturas.
.
Queda, pues, la pasión del disfrute. En el ponche de variopintas cuestiones que es la literatura jalisciense del siglo XIX, hay, marchantita, pásele, mucho de dónde elegir. Esta es la opción de un espacio de nuestras letras que ha quedado injustamente fuera de los libros de historia y antologías generales de la materia. Esta es una opción rumbo a la reinvidicación.
.
Los alumnos de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario